Desde nuestra sede en Ecuador, nos reunimos con Mónica Cordero Molina, Jefe de Comunicación y Cultura de Grupo DIFARE, para quien nos hizo un recorrido de de su gestión.
¿Cómo hacer que una organización tan diversa como DIFARE esté realmente unida y trabaje junta por un mismo propósito?
En Grupo DIFARE convivimos con equipos multigeneracionales, distintas líneas de negocios y formas de trabajo muy diferentes. Esa diversidad también marca cómo debemos comunicarnos con estos grupos y todo empieza desde cada interacción.
Por eso, para mí, conectar empieza por escuchar. Estar cerca de nuestra gente nos permite entender qué vive, qué necesita y qué espera de la organización. Desde Comunicación interna y Cultura buscamos que cada mensaje tenga sentido para quien lo recibe. Para generar esa conexión real con nuestra “Generación D”, primero tenemos que escuchar. Saber qué está viviendo nuestra gente y qué necesita de la organización. También entender cómo recibe la información y qué espacios crean más cercanía.
El propósito tiene sentido cuando nuestra gente entiende cómo su trabajo contribuye a llevar salud y mejorar el bienestar de las personas, cuando pasa esto generamos un vínculo mucho más natural. Para lograrlo, creamos experiencias diarias, los integramos a conversaciones y los hacemos partícipes de decisiones que nuestra gente pueda aportar desde su experiencia y conocimiento del rol que desempeñan.
La comunicación nos ayuda a conectar y fortalecer esos vínculos de relacionamiento con nuestra gente, nos acerca a lo que queremos construir como organización y les demuestra cómo cada uno forma parte de un gran propósito compartido.
¿Qué retos hay hoy al comunicar en una empresa con empleados que tienen necesidades y realidades tan distintas?
Uno de nuestros mayores desafíos es competir por la atención de las personas. Todos recibimos demasiada información durante el día.
Por eso, comunicar más ya no es la solución. Tenemos que escoger mejor qué decir, cuándo decirlo y por qué medio.
En DIFARE, tenemos empleados en oficinas, centros de distribución, farmacias, laboratorios y varias ciudades. Cada grupo tiene días y necesidades distintas.
Eso nos obliga a escuchar antes de crear una comunicación. También a cambiar formatos, canales y momentos según cada audiencia.
Hoy trabajamos mucho con ese enfoque. Revisamos la experiencia. Escuchamos la opinión de nuestra gente y hacemos cambios según lo que vemos. La tecnología nos permite llegar más rápido. La cercanía todavía depende de entender a la persona que está enfrente.
¿Qué papel tiene la Comunicación Interna en crear una cultura que apoye al negocio y, sobre todo, a las personas?
Para mí, Comunicación Interna está muy relacionada con la experiencia del colaborador.
Cada mensaje crea una experiencia. Lo mismo ocurre con un cambio, un beneficio, una campaña o una conversación con un líder.
Por eso trabajamos conectados con lo que pasa en la organización y con nuestra gente. Escuchamos, medimos y reunimos información para tomar mejores decisiones de comunicación.
También estamos presentes en momentos que afectan de forma directa la experiencia del colaborador. Esto incluye cambios en la organización, así como iniciativas de bienestar, cultura, reconocimiento o formación.
La cultura se forma en esas interacciones diarias. La comunicación ayuda a entenderlas y a mantener coherencia entre lo que decimos y lo que las personas experimentan.